
Dame una señal,
no me dejes gritando en el vacío.
No tengo palabras
para nombrar la congoja,
solo una boca desencajada
con un sonido sordo e infinito...
Pasan ráfagas
de los colores de nuestra vida
y el brillo de tus ojos
y el olor de tu pelo
y las suavidades diferentes
de tu piel toda.
Y todos tus olores,
y toda tu materia.
Mi ciencia no da
para conocer la dirección
de los universos paralelos
donde puede que estés vivo,
no da para la fe
en la resurrección de los muertos
y en ese Dios
que puede estar haciéndose.
Dame una señal
y haz que yo pueda verla.
04 agosto, 2007
22 febrero, 2007
07 julio, 2006
13 junio, 2006
Lloro al ahoracado con su bufanda naranja
en el parque de mi infancia,
la muerte anticipada de mi perro
y de mis gatas.
Lloro tu dolor de manicomio,
la flor de Gericó que tú mordiste,
la varita mágica destrozada,
las canicas rodando por el suelo.
La mujer delgadita que me cruzo
en el paseo
y su media sonrisa de ternura hacia mi can.
Lloro las palabras que no dicen,
las que dicen y hablan mal,
lloro los tópicos
y lloro las verdades.
Lloro aquí en el pecho,
en el alféizar de la ventana
que no abandonaré.
Lloro mis presagios
y los naufragios de tantos que han llorado,
porque no me encuentro el alma
y sigo caminando.
En el baño, por las calles,
cuando como, cuando leo,
de mañana, al despertar
lloro.
a las
11:33 PM
4
comentarios
01 abril, 2006
05 marzo, 2006
04 marzo, 2006
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



